jueves, 16 de noviembre de 2017

LA SILLA DE JUAN





Juan se levanta de la silla, cuantas horas ha estado sentada en ella. Se pone a pensar en ello y le salen muchas horas. En ese espacio ha tenido una parte de su vida, le ha acogido y ha sentido todas las alegrías, frustraciones, malos momentos.
Desde su madera y su cojín le han valido para muchas cosas. Le han visto comer, reír, llorar. Su pintura muestra los desconchones de algunas situaciones de rabia o de movimientos mecánicos, hasta chocar con la mesa que la recoge.
Como cuando coloco unas bases de fieltro adhesivo para evitar el roce con la tarima.
A veces recordamos un olor olor y nos trasporta al pasado donde aparecía el mismo o una música que también tiene la capacidad de trasportar a otro tiempo. Sin embargo en el aspecto visual, olvidamos todo lo que nos ayuda a facilitar la vida. Juan corre la misma delante atrás para hacer uso de ella pero es un elemento sin valor, aunque sea facilitador de experiencias, allí desarrolladas. Es una silla pintada de negro, recoge el polvo con mucha facilidad, pero la tersura, áspera, no invita a limpiarla con frecuencia.
Juan se da cuenta de su utilidad, pero olvida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario