viernes, 21 de septiembre de 2018

LA SEGURIDAD DE JUAN







Juan salió de casa, con una novedad, hoy portaba una pistola comprada a unos individuos el día anterior. Juan salió con más seguridad, ya nadie le va a volver a intimidar más. Siente como el acero le da seguridad, perdida. Oculta bajo su ancha cazadora.
Bajó las escaleras de casa con una sonrisa oculta, miro hacía ambos lados de la acera y apretó el paso. Desde hace años este barrio ya no lo siente como suyo ha pasado a ser un territorio hostil. Nuevas personas llegaron y se adueñaron del terreno, el equilibrio anterior se perdió. Con el nuevo orden vino un sometimiento. La vida del barrio giro ciento ochenta grados, donde había una vida normal se cambio a otra de servilismo, donde todos caían en una nueva red.
Tras pensarlo mucho decidió el camino de la fuerza, comprar una pistola y defenderse, otros pensaron como él y un nuevo negocio se abrió: adquirir armas y munición. Las películas les habrían abierto el camino.
Juan usaría la misma ante cualquier intimidación. Pero el problema surgió pronto, tantas armas y tanta tensión aparecerían ante cualquier discusión banal. El día anterior ante una colisión de trafico se saco una pistola y dejó un herido muy grave. Coches de policía llenaron las calles pero con la llegada de la mañana desaparecieron.
Juan no valoraba lo que se podría ocasionar con el arma, solo el poder que le otorgaba, por ello siguió seguro. Donde iba era un continuo mirar a derecha e izquierda, adelante y atrás. La raiz de un árbol había levantado la acera en su continuo mirar hacía tantos sitios, olvido donde pisaba, su pie choco y tropezó, cayendo, la pistola salio de su oscuridad y rodó por el suelo. El resto de paseantes corrieron como si la peste hubiera llegado paseando.

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