Juan
salió de casa, con una novedad, hoy portaba una pistola comprada a
unos individuos el día anterior. Juan salió con más seguridad, ya
nadie le va a volver a intimidar más. Siente como el acero le da
seguridad, perdida. Oculta bajo su ancha cazadora.
Bajó
las escaleras de casa con una sonrisa oculta, miro hacía ambos lados
de la acera y apretó el paso. Desde hace años este barrio ya no lo
siente como suyo ha pasado a ser un territorio hostil. Nuevas
personas llegaron y se adueñaron del terreno, el equilibrio anterior
se perdió. Con el nuevo orden vino un sometimiento. La vida del
barrio giro ciento ochenta grados, donde había una vida normal se
cambio a otra de servilismo, donde todos caían en una nueva red.
Tras
pensarlo mucho decidió el camino de la fuerza, comprar una pistola y
defenderse, otros pensaron como él y un nuevo negocio se abrió:
adquirir armas y munición. Las películas les habrían abierto el
camino.
Juan
usaría la misma ante cualquier intimidación. Pero el problema
surgió pronto, tantas armas y tanta tensión aparecerían ante
cualquier discusión banal. El día anterior ante una colisión de
trafico se saco una pistola y dejó un herido muy grave. Coches de
policía llenaron las calles pero con la llegada de la mañana
desaparecieron.
Juan
no valoraba lo que se podría ocasionar con el arma, solo el poder
que le otorgaba, por ello siguió seguro. Donde iba era un continuo
mirar a derecha e izquierda, adelante y atrás. La raiz de un árbol
había levantado la acera en su continuo mirar hacía tantos sitios,
olvido donde pisaba, su pie choco y tropezó, cayendo, la pistola
salio de su oscuridad y rodó por el suelo. El resto de paseantes
corrieron como si la peste hubiera llegado paseando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario