lunes, 13 de junio de 2016

EL LAGARTO




Juan observa al lagarto como se mueve cautelosamente, se mimetiza con el paisaje a su alrededor. Sus movimientos son muy lentos, su estructura corporal no tiene prisa a elegido un insecto que esta entre las flores. Es como si el sol matinal no le halla dotado de la suficiente energía, para moverse con la rapidez que los humanos solemos desarrollar.
Juan esta de vacaciones y ha aprovechado a salir a dar una vuelta por el jardín circundante al hotel. Antes de desayunar. Cuando entra al mismo la actividad en las mesas y recogida de alimentos ya se está ocurriendo. En el fondo hay una mesa vacia, junto a unas macetas artificiales, es allí su destino, con su bandeja de productos que rompan el ayuno nocturno. Junto a él, en la mesa más proxíma, una ancianita esta tomando su almuerzo, pero a una lentitud que recuerda al reptil que ha observado antes. La huesuda mano lleva los alimentos a la boca con una curiosa pasividad, su masticación es lenta. Juan se pregunta si sera por su manera de ser o por la falta de fuerzas para hacerlo más enérgicamente. El caso es, que toma nota, e inicia su ingesta tranquilamente también.

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