Juan
observa al lagarto como se mueve cautelosamente, se mimetiza con el
paisaje a su alrededor. Sus movimientos son muy lentos, su estructura
corporal no tiene prisa a elegido un insecto que esta entre las
flores. Es como si el sol matinal no le halla dotado de la suficiente
energía, para moverse con la rapidez que los humanos solemos
desarrollar.
Juan
esta de vacaciones y ha aprovechado a salir a dar una vuelta por el
jardín circundante al hotel. Antes de desayunar. Cuando entra al
mismo la actividad en las mesas y recogida de alimentos ya se está
ocurriendo. En el fondo hay una mesa vacia, junto a unas macetas
artificiales, es allí su destino, con su bandeja de productos que
rompan el ayuno nocturno. Junto a él, en la mesa más proxíma, una
ancianita esta tomando su almuerzo, pero a una lentitud que recuerda
al reptil que ha observado antes. La huesuda mano lleva los alimentos
a la boca con una curiosa pasividad, su masticación es lenta. Juan
se pregunta si sera por su manera de ser o por la falta de fuerzas
para hacerlo más enérgicamente. El caso es, que toma nota, e inicia
su ingesta tranquilamente también.
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