martes, 14 de junio de 2016

LA FÉRULA EN LA PIERNA DE JUAN




Que lejos están las cosas cuando te sientes imposibilitado, así piensa Juan, ahora que tiene una pierna entablillada por una férula. Apoya su pierna sobre una blanca mesa de madera sobre un cojín, de esos que se tienen para todo y que no valen para nada.
A su lado el teléfono para responder a los que se interesan por su salud.
Juan está nervioso, no entiende la paciencia, precisamente, la caida que origino su postura actual, se debe a su falta de tranquilidad.
Ahora toca relajarse, si o si. Pero la inercia esta en su disco duro interno y sale para cualquier cosa. Al principio llama a Ana, su mujer, para cualquier cosa, hasta que se da cuenta que no puede seguir en esa postura tras dos gestos de ella, que no pasan desapercibidos. Sus visitas al servicio han sido tantas como miedos han pasado por su cabeza. El bastón de un amigo le dota de una autonomía que tiene, pero, por supuesto, no es la que el quisiera. Su independencia se ha transformado en dependencia, lo cual no le hace muy feliz.

Su gesto se ha inclinado y sus ojos se tornan en busca del sueño que no tiene.

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