El
martes avanza, con el nombre que se le dispuso y la sucesión que se
le puso para distinguir unos días de otros y poder identificarlos
mejor.
Juan
mira al calendario para ver el numero, que a si mismo le identifica.
El
despertador, también le ha indicado otro dígito posicionador. Se
asea y desayuna para tomar el metro y poder llegar a su trabajo a la
hora estipulada.
Otras
personas proceden igual pero con otros objetivos. Las lineas del
transporte también tienen su denominación y hasta su nombre.
Juan
se da cuenta de lo determinativo que es todo. Siente ese
encajonamiento que hace que nuestra mente funcione por las diferentes
cuadriculas, asumidas como propias, con el concepto de que sino se
hace de esta manera seria el coas. Nada podría funcionar sin estas
normas creadas. Esta es la teoría general y asumida como propia.
Juan
cree que si se plantea todo esto puede encontrarse en el abismo y por
tanto padecer una sensación de vertigo, que le puede llegar a tener
un malestar generalizado, por ello quiere renunciar a esta idea que
ha surgido en su cabeza y deja que sea martes y que son las ocho de
la mañana.
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