El
silo quedo encerrado en la parte exterior de la ciudad. Como un
símbolo de otros tiempos, luce con una estructura mecánica,
incluida posteriormente, para darle un aire de modernidad. A la
antigua acumulación de grano, ahora los alimentos vienen de los
supermercados y no es necesario que surgen unos nuevos almacenes.
Parece como si todo estuviera manufacturado y listo para el consumo.
No
es un dominio de las grandes urbes, pues la comunicación lleva a
cualquier punto del planeta y por tanto, las costumbres se convierten
en lo mismo, se come lo mismo en América que en Europa. Es la
globalización que nos lleva en un gran globo, en el globo terráqueo.
La
comunicación se reduce y solo las personas mayores aprovechan para
hablar con la primera persona que encuentran, surge la necesidad de
comunicar donde siempre hay recelos y necesitamos los seguros para
todo, hasta para morir.
Lo
más curioso es que se ha inoculado como un virus y aceptamos la
novedad, como normalidad, nuestras cabezas tienen poco que hacer.
El
viejo almacen se ha convertido en un espacio decorativo, como las
estatuas que ponen en las rotondas de los nuevos accesos. Todo es
nuevo, que bien estamos.
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