Quizás
la mañana termino con la noche, así piensa Juan que ha tenido una noche en
vela.
Esta
en una ensoñación que le impide saber donde esta la realidad. El despertador ha
iniciado su música y es hora de ir al trabajo.
Busca
la ducha como un reparador, pero apenas siente el agua, tiene que elegir las
notas frías para sentir la nueva experiencia.
Por
fin responde pero cuando espera que la cafetera indique su trabajo realizado,
entorna sus ojos, en la búsqueda del pasado onírico, que no lo ha cumplido
correctamente.
Los
interrogantes no se convirtieron en respuestas de ahí su incertidumbre. Toma el
metro para ir a su función diaria, pero sigue sin ver ni notar si el mismo esta
lleno o vacio.
Juan,
en su inercia, baja del transporte. A
cuatrocientos metros esta su oficina, apenas saluda a compañeros y se dirige a
su mesa, para comprobar las tareas que tiene para hoy. Vaya en media hora reunión
de trabajo, se dirige al servicio para remojar su cara en busca del frescor que
su cabeza no encuentra.
Lo
peor, siente, es que sea por una noche de trashumancia de ideas, que no se
terminan de colocar nunca.
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