Entumecida
hecha un ovillo en su cama, Ana intenta conseguir su personalidad, al
haberse sentido desmembrada por los acontecimientos que en estos días
han ocurrido.
Difícilmente
encuentra la salida por el enredo mental, manifestado físicamente.
A
penas ha conciliado el sueño, múltiples veces ha abierto los ojos
en busca de una realidad que la saque de ese bucle, del que parece no
poder salir.
Por
fin levanta su cuerpo para recobrar una postura que rompa su
aletargamiento. Salga de ese capullo, representado por la cama y su
envuelta de sabanas y mantas.
Y
lentamente, como no, se incorpora a una realidad diferente, donde
como en las imágenes, de los insectos, saliendo de su espacio
cobertor.
Ana
así encuentra una necesidad que la tiene entumecida. Estira sus
brazos y sus piernas cogen un ritmo de baile, que la permitan sentir
los dedos de las manos y los pies. Mientras abre la ventana en busca
del frescor de la mañana, que cambie el espacio cerrado y un aire
reconcentrado.
Se
ha pasado de ovillo a madeja, parece lo mismo pero, desde luego, no
es igual, la realidad ha cambiado. Ana sale del aletargamiento y
siente lo que le rodea, hay una diferencia.
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