El otoño llega, como el ocaso, al
preludio del invierno, como la noche. Tanto uno como otro son necesarios para
lograr un nuevo año y un nuevo día. Partes en la que tienes que aprender y
disfrutar. Sentir en los diferentes momentos del tiempo. Con descanso y con
agotamiento. Con habilidad y con torpeza. Con amor y con odio.
En definitiva con la dualidad que
suele presidir todos los aspectos y partes de nuestra vida. Con la salvedad que
la duda significa miedo a una elección equivocada. Desde luego no tenemos todas
las papeletas, siempre hay motivos o espacios de improvisación. Esenciales para
poder optar sobre dos o más alternativas.
Siempre hay personas que son más
sensibles a algunas cosas, por ello el contacto con alguna de esas cosas genera
una especie de alergia que siempre termina en un estado de miedo, pues perdemos
la calma y la manera de resolver las cosas.
Curiosa la manera de proceder y
de somatizar situaciones, en teoría banales, aunque esto lo suceda como una
regla para todos, sino que algunos sufrirán, este estado. Con lo que con ello
conlleva.
Curiosa comparación de la noche
con el letargo para recuperar fuerzas para nuevo día.
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