Juan toma sus zapatillas y con su
pantalón de deporte y camiseta, comienza a surcar las calles para ir a los
espacios más abiertos donde el suelo es tierra. Siente la diferencia del
terreno uniforme de las aceras o el asfalto de las calles y siente como uno es
para coches y el otro es para caminar, o correr, con su superficie irregular. El
sol estará más o menos fuera, pero siempre hay reflejo de su luz, aunque unas
nubes grises le oculten.
Al sentir sus piernas en
movimiento nota un poder similar a otras
personas, con tener: dinero, mando,
felicidad.
Juan se siente afortunado por no
haber sufrido muchas lesiones y poder seguir teniendo la fuerza para ir a
cualquier sitio en menor tiempo que si fuera paseando.
Al volver siente el agua de la
ducha, como desprende el sudor acumulado o el barro adherido a sus piernas.
Ese sentimiento de poder, no de
competir, le hace sentir mejor y que repita varias veces, a la semana, la experiencia motivadora.
Opta por ir solo, pues así no se
condiciona a horarios ni intereses personales, que no son propios.
El aire entre a mayor velocidad
que el paseante, algo deja.
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