El niño pequeño va dando la mano
a su madre, camino de la escuela. Pero más que dar la misma es un gancho de
remolque, ya que tira hacía atrás y se deja llevar, por supuesto con su oposición.
Abandono la cama, porque su madre
se lo indicaba, tras subir la persiana de la habitación. Demoraba cualquier
acción hasta convertirla en una lentitud pasmosa, es su manera de oponerse a
una rutina que no quiere. Él es un chico nervioso que no para quieto y la
manera que ha encontrado para rebelarse es lo contrario a como el se
manifiesta, habitualmente. Lo cual descontrola a sus padres y llegan al
consenso de mostrarle como él, es capaz de comportarse de las dos maneras, por
ello le destacan la habilidad para trasformar su manera de ser.
El pequeño Juan no quiere dar su
brazo a torcer pero entiende perfectamente el mensaje de sus padres. Éstos ha
su vez, modifican la manera de actuar, saben que Juan puede hacerlo, por ello
fomentan sus puntos fuertes para utilizarlos para la formación de su
personalidad.
La observación de conductas
produce resultados mejores que los castigos, Que solo llevan a irritación de todos los
miembros.
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