El vendedor lucha por su ética a
la hora de vender un producto, incluso lo enarbola como si fuera su bandera. Solo
falta si lo que vende es tan ético y al precio que lo ofrece, entonces ya se
deja de lado el aspecto moral.
Juan ha estado su vida vendiendo
productos le ha dado igual de que se trataba y solo valoraba el beneficio que
obtiene a cuenta de la venta. Lo curioso es que presume de conciencia moral. Es entonces cuando a Juan se le ve el plumero
y lleva a contradicciones, como el excesivo beneficio sobre productos que ha
conseguido mayor que la materia prima que esta vendiendo.
Su facilidad para relacionarse
con cualquiera y el entusiasmo que muestra para obtener cosas es de alabar,
pero solo en ese aspecto de saber producir el deseo de una cosa innecesaria pero
que hace mostrar sumamente útil, como puede ser el caso de los seguros.
Ha conseguido un buen status
social, pero ha olvidado muchas cosas por el camino, por ello no encuentra su
bienestar personal, lo cual le lleva a un nivel de frustración y se acoge a
aspectos que desde luego no son muy reales, Juan ignora.
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