La estantería se encuentra llena
de libros, en los lomos cuentan con una pegatina para ubicarles mejor. Parece
como si durmieran el sueño hasta que son elegidos y mostrados sus letras, hasta
entonces permanecen como testigos mudos, acumulando el polvo que entre por las
ventanas. Curiosamente, casi nadie los abre para consultar o para embutirse con
sus caracteres impresos.
Más que estanterías ya parecen nichos sustituidos
por Internet o las búsquedas pertinentes. Arrinconan a unos tomos que van
cogiendo la palidez del que bosteza.
Hoy se disputan más los sitios
donde estudiar una oposición o la carrera universitaria, que por elegir el
texto que conviene a cada momento. Son los motores del cambio que se aproximan
más deprisa de lo que se preveía.
Curiosamente el mundo está en una
continua transformación, pero parece que, en los últimos tiempos, el proceso va
más deprisa y te adaptas o quedas fuera del tiovivo, carrusel antiguo donde
dabas vueltas, como si de un viaje se tratara, para acabar en el mismo sitio.
Curioso el movimiento mientras
aquí quieres encontrar el espacio para asimilar, tantas cosas, como personas
acuden a ella.
Se buscan las anotaciones para
resumir y poder asimilar mejor, el tema leido.
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