Es curioso como una discusión,
entre dos personas, se parece mucho al movimiento del mar. Cuando te adentras
en él, te encoges y esperas que pase la ola, una vez ocurrido esto viene una
distensión de músculos que ni escuchan ni relacionan. Estás como sufriendo un
ataque en el que te encoges para buscar el momento de defenderte, y esta
defensa la realizas atacando, con lo cual creas una marejada, donde los oídos
se taponan y por tanto cesa la comunicación, para convertirse en
unidireccional. Lo mismo que hablar a las paredes, por mucho que intentes no existirá
respuesta.
A veces imitamos comportamientos
que sabemos que no llegan a ningún lado, pero los seguimos repitiendo, sin
haber aprendido las lecciones.
El mar volverá una y otra vez
haciendo lo mismo, como el giro de la tierra, pero nuestro aprendizaje es un
nuestro saber lo que nos hace mejores, no hagamos como el clavo oxidado, con el
paso del tiempo no habrá caído su herrumbre, al contrario tendrá más.
Siempre elegimos los caminos o el
estar sentados, por los primeros podemos equivocarnos pero la segunda opción
nos lleva al caso del clavo roñoso, por no intentarlo y permanecer en el
ostracismo.