Juan sal de su casa, como
cualquier día. Se dirige al coche, aparcado en la plaza. Se abrocha el cinturón
de seguridad y enciende la radio en busca de música. Hoy es diez minutos más
tarde, sabe que va a encontrar mas volumen de coches y por tanto atasco,
llegara unos veinte minutos tarde. No existe problema pues podrá recuperarlos,
pero su rutina se vera alterada, saldrá más tarde y volverá a encontrar
impacientes vehículos que también quieren llegar pronto a sus casas. En muchos
casos la pregunta es para que llegar antes si perderá el tiempo viendo televisión.
Pero somos animales de costumbres y Juan es uno más.
Al retrasarse tendrá que dar
varias vueltas por el barrio hasta encontrar el sitio para aparcar. Un retraso,
inesperado a la hora de levantarse de la cama en la mañana, modifica el día de
Juan, parece como si todo se hubiera desordenado. Esta situación ya la ha
vivido otras veces pero en todas ha tenido el mismo resultado. No ha disfrutado
de ese remolonear dentro de su cama y como consecuencia, tampoco disfruta del
resto del día, por sentirlo como extraño, raro. Sin encontrarse a gusto todo
por diez minutos más.
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