jueves, 12 de enero de 2017

DIEZ MINUTOS MÁS...






Juan sal de su casa, como cualquier día. Se dirige al coche, aparcado en la plaza. Se abrocha el cinturón de seguridad y enciende la radio en busca de música. Hoy es diez minutos más tarde, sabe que va a encontrar mas volumen de coches y por tanto atasco, llegara unos veinte minutos tarde. No existe problema pues podrá recuperarlos, pero su rutina se vera alterada, saldrá más tarde y volverá a encontrar impacientes vehículos que también quieren llegar pronto a sus casas. En muchos casos la pregunta es para que llegar antes si perderá el tiempo viendo televisión. Pero somos animales de costumbres y Juan es uno más.
Al retrasarse tendrá que dar varias vueltas por el barrio hasta encontrar el sitio para aparcar. Un retraso, inesperado a la hora de levantarse de la cama en la mañana, modifica el día de Juan, parece como si todo se hubiera desordenado. Esta situación ya la ha vivido otras veces pero en todas ha tenido el mismo resultado. No ha disfrutado de ese remolonear dentro de su cama y como consecuencia, tampoco disfruta del resto del día, por sentirlo como extraño, raro. Sin encontrarse a gusto todo por diez minutos más.

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