La sirena comienza su zumbido
indicando la hora de inicio de las clases. Comienzan las carreras hacía la
puerta de entrada, de los niños acompañados o de los más mayores que se ocupan
de sus hermanos.
El vecino del cuarto, termina su
turno a las ocho de la mañana, llega a casa y se mete en la cama con la
persiana bajada y según va cogiendo el sueño suena la maldita sirena. Que le
rompe su recién cogido espacio onírico.
Hoy a las cinco bajara a hablar
con el director para sugerirle un cambio en vez del zumbido hacerlo con música clásica.
El director esta de acuerdo y
busca notas motivadoras a sus alumnos, en cambio es sencillo, el ordenanza a través
de la megafonía emitirá el tono elegido.
La siguiente mañana es una
sorpresa general, los niños comienzan a bailar con las notas emitidas, parece
como si se iniciara el día con más motivación.
Hasta las carreras de los
retrasados, de siempre, son más atractivas. Parece que la pereza se dejó
olvidada en la cama.
El vecino nota el cambio para no
ser desestabilizador de su descanso e incluso agradece que se haya producido en
tampoco tiempo. Un acierto.
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