Hay actos que se pueden esconder,
pensando que el resto de personas no conocerán del autor. Con lo cual estarán a
salvo de enculpamientos. El problema surge cuando uno conoce que ha actuado de
mala manera, no queriendo ser responsable de la acción o responsabilidad. Está llevándolo
como una pequeña lucecita encendida en alguna parte de su persona o figura.
Cualquier persona se dará cuenta de
la anomalía, no sabrá determinar, específicamente, a que cosa, paro es como un
manchón que tarde o temprano se descubrirá. Pues basta que una persona la vea
para ser correa de transmisión de otras miradas.
El sentimiento de angustia, volverá
a aflorar y la incomodidad de ser culpabilizado, no teniendo que ser penado, aparecerá
como un sentimiento de malestar, el humor desaparece. Y las miradas se hacen huidizas.
La vida ha cambiado. Cambiar de ciudad o país no será suficiente para el inicio
de otra nueva etapa, pues la lucecita volverá a ser descubierta y con ello la
bajada por la escalera de la culpabilidad, con resultado catastrófico para esta
persona. Se buscara la manera de sepultar esa pequeña luz delatora, como símbolo
de un recuerdo, con resultado de tormento interior. Con entereza aparente.
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