El infinito es una palabra que te
llena de miedo porque define una totalidad inabarcable. Es como mirar al cielo
y no poder vislumbrar el final del mismo.
Esa sensación encontrarte diluido
como una gota en un océano. Representa como su símbolo, un ocho tumbado. Lo que
esta arriba esta abajo en un circulo donde se empieza pero no se acaba, un
laberinto con un único sentido, donde tienes que seguir porque sino no sales. Y
realmente no puedes salir de ese bucle
en el que te introdujiste.
Si te dicen que eres una persona
entre millones en todo el mundo, te puedes sentir pequeño o grande, pues eres
parte de esa población o también, parte del universo, por tanto un miembro más
con pleno derecho y fortaleza.
Aquí se juntan dos adjetivos
contrapuestos el miedo y la fuerza o seguridad, solamente nosotros elegimos que
queremos ser. Dentro de estos conceptos, uno nos baja nuestra frecuencia hasta
hacerla inaudible y la otra la sube con todo lo que ello conlleva, para
nosotros y por tanto para el universo.
Elegimos el ocho tumbado como
forma de recuerdo, siempre como un compromiso con la vida y con ella, una alta
frecuencia vibratoria.
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