La noticia se obtiene de la
radio, en el coche, mientras va a su trabajo. El banco donde trabaja va a
prescindir de cinco mil empleados. Juan ha oído esta noticia desde hace tiempo
pero ya se confirma de manera oficial. Sabe que con las absorciones de otros
bancos, sobraran oficinas y por tanto empleados. El problema es que tiene
cuarenta años, dos hijos y un futuro nada halagüeño. Su mujer tiene un trabajo
precario donde ni cotiza a la seguridad social.
Le saltan todas las alarmas y el
miedo a como afrontar los siguientes años, surge, mientras realiza las
maniobras de aparcamiento. Se pasa de la seguridad de trabajar en un banco
importante, a realizar una elaboración
de un currículo laboral para intentar conseguir uno de los trabajos que le
aportaran la mitad de su salario y peores condiciones.
Al llegar a la oficina sus
compañeros ya están hablando del tema, su oficina cuenta con todas las
papeletas para ser clausurada y por tanto, ellos ir a engrosar las listas del
paro.
Las comunicaciones con otros
compañeros de otras oficinas confirman los mismos pensamientos, juegan en una
lotería que no han querido jugar pero con muchas posibilidades que les toque.
Juan llama a su mujer para
informarla, no puede sostener las lagrimas, solo el consuelo de ella, con un
saldremos de está.
Todos reciben una circular por
sus ordenadores, donde confirman la reducción de personal, pero nada indica
quienes serán. Se habla de jubilaciones anticipadas, bajas incentivadas y
prioridad para mayores de cincuenta y cinco años.
En dos meses se dirán que
personal quedara dentro de la empresa. Por ello ya tienen fecha pero
incertidumbre durante todo este periodo de tiempo, en el que se jugara a ser
bueno para quedarse dentro de la plantilla favoreciendo a su banco.
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