viernes, 30 de diciembre de 2016

EL AMANECER EN LA CALLE






La calle aparece vacía, es temprano, no inicia su vida de trasiego diaria. Las farolas siguen emitiendo su luz, pero nadie la recibe. Como por arte de magia comienzan a abrirse puertas y salen personas, con ojos de querer, seguir entre sabanas.
Los pasos se dirigen hacía los coches aparcados o en busca del transporte público.
No hay cambio de palabras entre transeúntes, parece como si quisieran pasar desapercibidos o anónimos.
Los coches empiezan a circular y hasta suena la pereza de alguno por arrancar. Los movimientos generan ruido y por tanto la calle comienza a cobrar vida. Algunos tacones marcan el movimiento de la portadora  indicando su velocidad hacía su destino. También llegan nuevas personas hacía los locales donde, los diferentes negocios tienen lugar. Las primeras tiendas abren sus persianas indicando la actividad del nuevo día. Alguna música suena a través de alguna ventana abierta y hasta llega el aroma producido, por un tostador de pan. Mientras los cubos de basura esperan la recogida del camión que no tarda nada en engullirlos, como si tuviera un hambre voraz, provocado por la prisa que imprimen los operarios encargados de la limpieza. Hasta parece,  la brisa es nueva, en este día.

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