En el parque infantil, dos niños
juegan con una pelota, se han conocido allí, antes no se habían visto, pero la
necesidad de jugar ha surgido espontáneamente. El padre y la madre comparten
banco y entablan una conversación, a cerca de las relaciones infantiles, se dan
cuenta que las limitaciones las hacen los adultos, buscando diferencias, que
sin lugar a dudas existen, pero no tienen que ser la causa del aislamiento. Se
enfrascan en la conversación mientras las palabras de los niños, pasan a
gritos, el dueño del balón lo toma y le expulsa del juego. El padre no sabe
como reaccionar, pues a las palabras de compartir tiene la respuesta de un no
porque el otro niño es egoísta. A penas diez minutos de juego y aplica términos
de adultos. La madre consuela a su hijo con palabras parecidas, pero no les
llega a los niños. Las condiciones parecen tajantes.
La conversación se va al trate
cuando el niño despechado pide abandonar el lugar, el padre incomodo, se debe a
su hijo. Y se despide de la madre sin entender que ha pasado. Según abandonan
el sitio, va reprendiendo a su hijo, mientras esté explica porqué ha obrado así.
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