Ana entro en pánico cuando su
cuerpo no responde a su cerebro. Parece como si estuviera encerrada en dos
realidades. Cada una con una vida particular, extraña a la otra.
Su cuerpo se mueve
involuntariamente sin atender a razones lógicas. Es un tic nervioso que la hace
sentirse mal, pues piensa que algo de ella no se relaciona con la otra parte, llamémosle
racional.
Ana se ha dado cuenta de su
descoordinación cerebral corporal. Precisamente hoy, lo había tomado como una
peculiaridad suya, igual que hay chicas rubias o pelirrojas o altas, era la
suya pero al darse cuenta de su repetición sin control. Empieza a relacionar
cosas, como que algo no este bien, en su parte mental. Y es cuando ha entrado
en ese sentimiento de alerta máxima, Que es el miedo superlativo, cuando cree
haber perdido el dominio de su ser.
Poco a poco, con técnicas
respiratorias vuelve a la normalidad, donde los nubarrones negros van disipándose,
dejando un cielo más turquesa. Como consecuencia la pierna deja su movimiento
involuntario y permanece estática.
Es ese momento cuando Ana siente
que ha ganado la primera batalla, por supuesto que no la guerra, pero es capaz
de hacerlo, ella misma.
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