El sonido de una canción, el
aroma de las flores tardías, la compañía y un zumo elaborado hace un minuto en
una copa atractiva. Unas butacas acogedoras y sobre ellos al acogedora bóveda
celeste en su etapa nocturna.
El frescor de la misma y unas
velas en cada mesa,
Las palabras se vuelven susurros
y un camarero que pulula como una mariposa, de mesa en mesa.
Curiosamente todos los sentidos
tienen lugar en este espacio. La voz de Leonard Cohen ocupa los espacios que no
se llega. Parece un oasis en este pueblo bullicioso, pero que se ha conseguido
aislar a base de masa de arbustos y árboles que aportan el sonido del movimiento
de sus hojas a la menor brisa.
Quien diseño el espacio quiso
llamarle el jardín de los sentidos, para que todos tuvieran su espacio.
En el medio una fuente ubicada en
el centro para hacer eje de las diferentes zonas. Aun teniendo el mismo lugar,
las flores son diferentes, aportando cuatro zonas diferentes. Con el mismo
techo e igual suelo.
Los rasgueos de las cuerdas de la
guitarra, siguen siendo los mismos. Pero no es lo mismo, de una a otra.
Cualquiera puede expresar sus
sensaciones.
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