La muerte siempre ha estado
representada, por la imagen, de una mujer esquelética, acompañada de una
guadaña, como símbolo de segar las vidas donde ella aparece.
La imaginación colectiva trata de
identificar una cosa abstracta, como es la muerte, en algo más concreto. Curiosamente
la diosa de la vida, también es mujer.
Pero las cosas abstractas son difíciles
de comprender, nuestro cerebro es más material, al menos así nos han educado y
nos hacen falta símbolos físicos, donde poder identificar mejor las cosas.
Y si la imagen de la mujer, esquelética,
se desvirtúa y se transforma en otra cosa que ocurriría, lógicamente tendrá el
mismo sentido que le hayamos querido dar.
Pero lo importante es el poder
que damos de concreción a las cosas para poder asimilarlas mejor, ese poder que
damos a los símbolos que a veces, luchamos por ello como si fueran nuestra más preciada
joya. Como alguna religión hace o los estados con sus banderas. Ejemplos
tenemos muchos, para comprender la abstracción hacía los cosas que no tienen
entidad propia como el amor, lastima que este solo se represente por un corazón,
cuando puede ser por cualquier cosa que nos rodea y hay tantas para limitamos demasiado.
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