El calor del verano en la capital
andaluza, muestra un panorama desolador después de la comida. Parece como si
todo el mundo, evita pasar por ella aunque sea fugazmente, los turistas se
refugian en sus hoteles, para cumplir la costumbre de la siesta. Se paraliza
todo hasta la llegada de la apertura de las tiendas que se realiza de una forma
pausada, alargando la apertura de unas tiendas a otras, para prolongar lo máximo
posible hasta la caída del sol,
Las moscas hacen pereza y buscan
el refugio de la sombra. Los aparatos de aire acondicionado emiten su ruido de
funcionamiento.
Parece como si el calor retrasara
el movimiento de todo ser viviente, las sombras y las terrazas con sus
parasoles son buscadas en busca de un aire que no corre. Los camareros retrasan
su salida para interesarse por el pedido de los clientes y distraen mirando la
televisión que emite cualquier programa. Con desgana sirven los helados
solicitados y los cafés con hielo. Mientras un pequeño escorpión, fuera de
lugar camina con su uña erecta en busca de su comida. Lo hace, fuera del
pequeño parque, abandonado por alguien, en un lugar extraño, recorre los
baldosines de la fuente.
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