La
correspondencia llega a su carpeta de entrada, casi con la misma velocidad que
es enviada. Juan solo tiene que tocar la pestaña de recibidos y recibe la
información requerida.
Su
ordenador portátil le permite que cuando exista una conexión wifi, pueda disponer
de este servicio, que tanto acerca y tanto aleja del resto de personas,
curiosamente se tiene para una comunicación más viva y solo hace que sea en el
tiempo de envió. La cercanía se pierde, ocurre paralelo al teléfono móvil.
Tienes la oportunidad de hablar con cualquier persona en cualquier momento y
casi, en cualquier lugar.
Juan
se resistía a estos cambios pero: todo el mundo lo hace. Ahora tiene dos
instrumentos que portar y recargar. Puede ser un drama el encontrarse sin
batería o en un nivel bajo, de la misma. Se convierte en algo que no puede uno
aventurarse, o dejarle olvidado en casa. Son cosas que no se pueden permitir.
Se ha cambiado los conceptos ya es un instrumento imprescindible y hasta
dependiente. La mirada se dirige hacía el mismo durante bastantes momentos de
nuestra vida, suene o no. Hasta el reloj ha desaparecido de nuestras muñecas
para estar en esa máquina, de comunicación.
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