María
sufre estados de ánimo cambiantes, permuta unos de euforia, donde la sonrisa es
fácil de ocurrir a otros, donde la lagrima suele aflorar y las palabras se
entorpecen, como puede ocurrir, como cuando has estado bebiendo por encima de
tu control.
Hoy
es una sorpresa, como todos sus días, al levantarse no sabe cómo se encontrara.
Es
un estado que ella no es consciente, pero los de su alrededor, son afectados
por sus reacciones.
Sin
darse cuenta, se va aislando, cada vez menos personas quieren compartir sus
minutos con ella. Los comentarios fuera de su presencia son siempre los mismos.
Pasa de ser una persona adorable a la niña del exorcista.
María
observa que la gente la da de lado, pero no consigue entender por qué esto
ocurre. Es mejor buscar en que la culpa la tiene la gente, lo cual, hace
distanciarse en mayor medida, con lo cual, el problema se agranda.
Sucede
hasta que, una amiga, enfadada con ella, se lo hace saber, pero mayor como
reproche que como una ayuda. Por ello parece que es un insulto nuevo, en su
colección de recibidos. Pero al quedarse sola, comienza a pensar las palabras
recibidas. Comienza a cambiar.
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