Se
adentró en el parque, el color verde reinante hace destacar las pequeñas y las
grandes flores, que compiten, para mostrarse, pletóricas.
Al
meterse los pensamientos recurrentes, empiezan a diluirse y se muestran sin
color y sin forma. El canto de pájaros, da la armonía que los coches
circundantes tratan de tapar, pero no lo consiguen.
Juan,
retira sus gafas, para frotar sus ojos, como queriendo dejar sus ojos libres,
para recibir imágenes nuevas, más claras. También hace un reflejo a sus orejas
y su nariz. Quiere despejar otros reflejos pasados, como queriendo sacudir del
polvo acumulado. Hace lo mismo porque quiere desprenderse de cosas que se le
han ido adhiriendo, y como su nombre indica, hacen daño.
Dirige
su nariz hacía un ramillete de flores blancas y su cerebro, enseguida las
identifica con algún pasaje de su pasado.
Un
banco vacío le invita a descansar y a llenarse de lo que le rodea. Una joven
ardilla lleva su mirada en sus gráciles movimientos, mientras unas cotorras llaman
la atención de cuantos pasan por el entorno.
A
veces el parque es como una papelera, que se llena de pensamientos indeseados y
de planes de futuro. Juan sabe de su terapia.
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