La
sencillez es una cosa de las más difícil de mantener, con el paso del tiempo.
Curiosamente se la fija como objetivo pero es complicado mantener, sin darte
cuenta entras a acumular cosas que te hacen que pierdas el sentido de la
palabra. Casi es como cuando te vas de viaje un fin de semana, comienzas a
coger cosas “por si” y terminas reuniendo un montón de cosas que seguramente,
no utilizaras. Nuestros pensamientos ocurre como los utensilios, vamos
acumulando y no los dejamos guardados sino que su presencia hace que se
coloquen en frente nuestro, ocupando un espacio y una frontera para poder
seguir.
La
sencillez no necesita abalorios, aunque puedan existir, pero hace que ese
desprendimiento nos haga libres. Como se dice cuando emprendes un viaje,
ligeros de equipaje. Los excesos de cosas nos encadenan y hacen que nuestros
movimientos sean pesados; precisamente esté hace, que nos cueste avanzar, ir hacia
delante. Nuestra vida va hacía allí, precisamente, no se queda anclada.
Nuestros movimientos corporales se podrán realizar con soltura, igualmente
ocurre con nuestros pensamientos.
No
olvidemos que las corazas a veces son más livianas que lo que ocurre en
nuestras cabezas. Nos protegen pero nos agotan
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