Juan
se encontró con una persona que no reconocía. La persona le saludo dándole la
mano mientras le mira a los ojos. La conversación es intrascendental, no salen
datos para ubicarle en el pasado. Al despedirse, Juan se encuentra nervioso por
no reconocerle, es ese sentimiento de haber perdido el control sobre sus
pensamientos, lo que le hace sentirse mal, piensa que le está llegando el
deterioro neuronal y eso le preocupa, porque comienza a elaborar su castillo se
pensamientos, por supuesto en plan negativo, lo que da una estructura para
caerse en cualquier momento y entonces se entra en unas esferas muy subterráneas,
muy similares a las cuevas.
Según
se va marchando la forma de andar le dispara posibles personas, que caminan de
esa manera, hasta que consigue encontrar de quien se trata. Es el exmarido de
su hermana con el que no termino muy bien, por lo que había dicho y hecho sobre
ella.
El
cerebro de Juan ha borrado el rostro de esta persona, intentando pasar página,
en un intento de defenderse. Han pasado diez años, las personas cambian físicamente
pero no tanto hasta el olvido, sin embargo quedo archivado la forma de caminar
del extraño ser.
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