Sencillamente,
coge su bicicleta y comienza a pedalear, no sabe a dónde va, la circulación le
llevara de un lado a otro, no tiene destino y según va cogiendo una calle u
otra entiende donde la apetece ir. Se acuerda que hay una representación de títeres
para gente mayor, como indica el cartel. “Los hombres se hacen niños y
entienden mejor las cosas”. Un grupo de amigos ha ideado una obra de teatro
interpretada por títeres, pues entiende que el mensaje llega mejor que con
actores de carne y hueso, pues el público se concentra mejor en el mensaje de la palabra
que en los gestos de los personajes.
Es
curioso porque al final se pedía la aparición de la bruja, que no tardo ni
medio minuto en aparecer por el escenario entre el regocijo de los presentes,
pues dio un toque de improvisación, bien resuelto.
Al
final una ovación cerrada y la alegría del ciclista a que su intuición le hubiera
llevado hasta allí. Desde luego no fue casualidad que se encontrar con amigos apenas
veía desde hace mucho tiempo.
Los
títeres unieron dos espacios de tiempo, tan enfrentados entre ellos y tan
cercanos en el: “no existe tiempo”
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