miércoles, 14 de septiembre de 2016

EL JUEZ

Todos nosotros nos convertimos en jueces. Sabemos lo que hacen mal los demás, y menormente, cuando se hacen las cosas bien.
Razonamos y argumentamos cosas para apoyar nuestro papel. Pero precisamente no reflexionamos que lo que vemos mal en los otros es porque es nuestro defecto. Es decir que proyectamos, en los otros, defectos nuestros, por eso nos irritan, en gran manera, y somos más severos en los comentarios. Hasta encontrar, en el espejo, que no puedes soportar a esa persona, es como si descubriéramos el lado oscuro, de nuestra personalidad.
Pero si lo vemos en otros, aligeramos el peso de nuestro sentimiento.
Juan rompió una bonita amistad, por verse muy reflejado en su amigo Alberto, eran tan iguales que era fácil descubrir defectos, no tenía que buscar muy lejos, estaban en su personalidad. Llego a irritarle tanto que no supo manejar las situaciones y lo más sencillo, es concluir una amistad.
Por supuesto que el problema no se arreglaba, pero para él, alejaba fantasmas. Es tan difícil aceptar nuestra manera de ser, que se rebusca y por supuesto, se encuentra en nuestro alrededor.

La figura de juez es difícil pero quien somos nosotros para juzgar a los demás.



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