Las palabras abstractas nos
pierden. Tenemos la necesidad que alguien nos hable de su experiencia o de
alguna persona concreta para nosotros podernos colocar.
Al referirme a estás palabras me
estoy refiriendo a algunas como amor, estado, gente, muerte, alegría etc. Que
sino las situamos en personas concretas es fácil quedar diluidos.
Si hablamos de personas o situaciones concretas es mejor fijar el
objetivo de nuestra mente.
Tenemos que fijar para no
perdernos en las inmensidades del océano, si nos concretamos en un barco,
aunque sea muy pequeño y su localización nuestra cabeza forma el mapa y el
entendimiento de lo que queremos decir.
Por ello, en nuestro lenguaje,
sino queremos decir nada hablamos con estas palabras en concreto, pero si
nuestro objetivo es que se nos entienda, el mensaje. Tendremos que ir a realidades
más concretas, es como facilitar nuestra digestión con un proceso que lo
facilite.
Son curiosos los mecanismos para
entender o dispersarse del marco de las palabras. Y como nuestras necesidades
de focalización, nos llevan a la concreción de las cosas, para entender lo que
se nos quiere decir, en cada momento. Es más fácil por tanto emplear ejemplos
cercanos o propios para poderse expresar mejor.
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