Cuando se descubrió que el átomo,
la parte más pequeña de la materia no era una masa, se empezaron a cuestionar
muchas cosas. En realidad toda nuestra base científica, aquello que nos
mantiene en la tierra, aferrados. Dejan de tener sentido verdades como templos.
Se empieza a dar sentido a cosas que pasaban desapercibidas, por considerarlas etéreas.
Pensamientos o reflexiones que se asemejaban a cuentos, sin sentido. La energía
comienza a ser visionada de otra manera, aunque el lastre cultural, pese mucho
y sea difícil acostumbrarse a la nueva realidad.
Se empezó observando lo más
pequeño, de lo que estamos compuestos, todos para ver que todas las normas
establecidas se desvanecen como humo, pero a pesar de ello, seguimos unidos a
pensamientos que durante mucho tiempo han creado, la civilización.
Aspectos que parecían de ciencia
ficción, pueden ser tan reales como al actualidad.
La cantidad de cosas que nos unen
con las otras personas es mucho mayor que las que nos separan, e incluso
originaron guerras, agresiones y muerte por no pensar o no ser como la manera
de pensar dominante. Esa que proyecta un poder sobre los demás, para la
consecución de fines personales, con el resultado conocido, siempre.
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