Juan monto una floristería, es un
apasionado de las flores. Le parecen que es el aporte más bonito que tiene la
naturaleza de mostrar su esplendor, pero no solo las flores más vistosas, sino
con las flores más pequeñas consigue unas combinaciones que difícilmente, una
vez secas, van al cubo de la basura.
En medio de la tienda coloco un
pozo que le daba un gran juego como expositor y rinde honor al otro elemento,
junto al sol, necesario, el agua.
Consigue toda la luz posible
mediante el uso de espejos.
En su trastienda es donde dedica
más tiempo en la elaboración de centros y ramos.
Mucha gente acude a su local por
el entusiasmo que muestra con sus amigas, como él llama, a las flores.
Tanto es así que organiza cursos
y enseña a distinguir por su nombre, latino y castellano. Conoce las
propiedades y las curiosidades que tiene cada una de ellas, por lo que lo hace
ameno y embriaga con su manera de sentir y querer el mundo floral.
En un pequeño apartado tiene un
ordenador donde consulta cualquier duda o enriquecimiento personal. Ana, una
clienta se ha unido a ayudarle, porque no tiene tiempo para todo.
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