Juan ofrece una piedra lisa
ovalada, que ha recogido en una playa, con el tamaño que quepa en la palma de
la mano. Decidió hacerlo como presente a todos sus amigos. Observo que a él, le
relajaba juguetear con ella y pensó en sus amigos, fue eligiendo una a una
hasta que lleno la bolsa. Las olas del mar han sido la lija que ha modelado la
forma para encontrar el sosiego y la paz que parece, como si hubiéramos perdido,
algunas veces.
Diferentes colores pero casi, idéntica
forma.
Con todo su cariño ha llevado una
bolsa donde estaban todas reunidas y al encontrar a cualquier amigo le
entregaba una de ellas, ante la cara de sorpresa, él les explica la función que
siente al tenerla entre su mano. Entonces la cara sería, muda a una sonrisa
mientras hacen la maniobra que opera en la mano de Juan. Alguno hasta elige el
color.
No tarda en vaciar su bolsa ha
querido entregar lo que considera como un tesoro. Ha sido cincelada por un gran
número de olas, que la han sacudido hasta dar la forma que tienen actualmente.
La perseverancia de la piedra se
ha adaptado a las envestidas recibidas.
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