Dicen que cualquier ritmo es
bueno siempre que el cuerpo este en movimiento. Cuando se abandona la dejadez
del estar tumbado.
Juan tiene la radio conectada y
con la aparición de una melodía se levanta como un resorte, comienza a
contonearse sin el miedo de cómo lo hace, esta solo en casa. Y no acorta los
movimientos sino que los elonga hasta que el equilibrio le hace volver a la
verticalidad, mientras el cuello describe círculos, acompasando le música.
Los tres minutos ha ido
acompasando los recuerdos que la canción le trae en mente, se han disparado y
los ha querido sentir, de manera que la vibración se mete en sus músculos.
Al término de la misma, conecta
con la nueva pero ya sin los recuerdos producidos en la anterior. Pero ya no
quiere estar sentado de cualquier manera prefiere seguir moviendo su cuerpo.
Toma la escoba y busca en los
rincones los restos de pelusas,
acumulados y con la ayuda del recogedor los lleva a la nueva ubicación.
Las notas se han metido en su
cabeza y las repite una y otra vez aunque exista otra canción en las ondas. Está
seguro de seguir con la sensación percibida, antes.
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