El rió ha crecido con las
lluvias recientes, ha encontrado lugares por los que campo libre en otros días.
Ahora, a capricho de vecinos, se ha puesto lo que se ha querido, obviando los
cauces que ha tenido. Ahora es el lamento por las zonas anegadas y por el
deterioro de genero almacenado o de los muebles cubiertos de barro y otras
basuras arrastradas.
El hombre siempre ha pensado
que la tierra es su patrimonio, olvidando ser una parte de ella, con ella
excluye a la naturaleza, árboles, plantas, animales y minerales que también la
componen.
Esa idea de superioridad y de
dominio, le trae como consecuencia un encontrarse con una debilidad que se
manifiesta a cada acto de la vida. El cuerpo se resiente y hasta sus construcciones
notan que no son más sino un elemento que ocupa una escala no finita. Nos
alimentamos con plásticos que tienen formas y olores apetecibles, como queremos
que responda nuestro cuerpo ante tan lamentable ingesta.
El volcán volverá a proyectar
su fuego interior, sepultando lo que
encuentra a su paso, dando destrucción y fertilidad posterior. Curioso recuerdo,
a quien se ha mostrado tan altivo, como el ser humano. Parte de un mundo.
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