Erase una vez una casa minúscula en medio de un bosque, la
habita un ser minúsculo, con su mujer del mismo tamaño.
Allí no existen carreteras y las poblaciones cercanas se
encuentran a una gran distancia.
Estos seres pasan
desapercibidos por ser muy huidizos y su casa cerca de una montaña con un gran
mimetismo. Dependen de su medio, no hay electricidad, ni necesidades sociales.
Formaban parte de una comunidad que se fue extinguiendo y son el último eslabón
de esa civilización, resistente a todo lo que sucede en su alrededor. Al ser
tan pequeños, sus necesidades alimentarías son menores, lo cual hace que
necesiten poco para sobrevivir. Un pequeño manantial les da el agua necesaria
para su higiene, cultivos y bebida. Tienen el defecto de ser muy sensibles al
sol, por tanto evitan las horas solares, haciendo su vida en las horas que el
astro se oculta. Pero esta noche es especial, la tierra comienza a temblar y de
la montaña se desprendes grandes rocas que arrasan con todo lo que se encuentra
a su paso y aquí encuentran a sus moradores que estaban haciendo la cena,
desayuno. Al ser tan minimos la tierra les sepulto. Lo pequeño desaparecio.
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