Las
nubes las vemos como un fenómeno atmosférico, pero en nuestra cabeza también pueden
formarse y algunas, quedarse durante días, meses o años.
En
realidad son cortinas que nos limitan nuestros pensamientos, algunas son
traslucidas pero otras son como verdaderos telones que impiden la claridad que
debe imperar en nuestra mente.
Siempre
es bueno que aparezcan porque es la manera que podamos entender la belleza de
la luz, sino perderíamos nuestro estimulo, tan útiles para comprender que vamos
en la dirección correcta. Como si de una carretera se tratase, los carteles
indicadores de confirmación del destino que hemos elegido, nos hacen sentir a
gusto. Vamos bien.
A
veces, esos fenómenos atmosféricos creemos que no los hacemos nosotros sino que
son las circunstancias, las que se colocan en nuestras cabezas.
Ninguna
idea se instala en nuestro cerebro si yo no le doy acceso. De esta manera
sabemos que tenemos la llave de nuestra vida, somos el guardián de la misma por
tanto tenemos un poder, del que, desgraciadamente, pensamos que no lo poseemos
y por eso, esa puerta abierta. Puede hacer que entre cualquier cosa.
Parece
fácil pero no somos capaces de entenderlo, porque seguimos buscando esa llave,
en nuestra respiración.
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