Como siempre, surge el silencio,
cuando han terminado un dialogo, conflictivo. Alguien debe romperlo para que la
situación no se convierta en estresante. Juan dice una broma, que ni es
recibida e incluso crea, una mirada de desprecio en la cara de Ana.
Ojos hacía abajo y posturas,
corporales opuestas, es el resultado de la desavenencia.
Juan se levanta para ir al
servicio, pero es más bien, una huida. Ana toma el libro que tiene en la mesa,
pero no lee, pues sin darse cuenta, lo tiene al revés.
Al volver la situación no ha
cambiado sino que sigue en un reafirmamiento, tras buscar argumentos para
asentarse en su posición. Precisamente al ir a sentarse tropieza con la silla y
Juan cae al suelo, dándose un golpe en la cara. Queda aturdido, Ana se levanta
y va a por un trapo que humedece y lo aplica en la zona tumefacta. Recobra la
normalidad y se sienta en el sofá. Ana olvida diferencias y toma las cubiteras
de hielo y las envuelve con el trapo. Le pregunta por si muestra incoherencias
y al ver que no, se relaja un poco. Mañana tendrás un buen maratón y tendrás
que explicar mi inocencia.
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