El
pequeño insecto se mueve por la hoja del árbol, donde buscara el camino más idóneo,
para comenzar a comer la misma.
Nos
parece un microcosmos, pero para él, es su vida. Esta misma mañana comenzara el
lento consumir de ese mágico espacio que se tambalea constantemente por la
acción del viento, como si quisiera, desembarazarse del no invitado.
A
vista nuestra una hoja de un árbol no representa mucho pero a otros seres que
comparten el mismo espacio es su vida. Siempre alzamos la vista hacía las cosas
grandes despreciando las pequeñas cosas.
Ese
pequeño animal, junto con la piedra, la planta, el aire y el agua somos del
mismo mundo resonamos igual, a la energía que nos proporciona el sol, pero sin
olvidarnos que también existe la influencia del resto de planetas, satélites y
energía universal.
Al
sentirnos parte de la unidad, de todo lo que nos rodea, aprendemos a amar y a
sentir todo lo que nos rodea. No hay que buscar cosas fuera pues somos parte
del cosmos.
Solo
es necesario sentirlo y nuestra concepción sobre las cosas cambia de un manera rápida.
Ya
no hay pequeño insecto, gran sol. Sino todo es uno, incluido nosotros.
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