Entra, Juan, por la vieja puerta que da entrada al viejo
edificio, una vez traspasado, la cosa cambia, está totalmente funcional con
decoración moderna. Se ha respetado la parta exterior y la gran puerta de
madera labrada con incrustaciones de hierro forjado, dando la impresión de
entrada a una fortaleza.
Una vez superado el recibidor unos ascensores a la derecha y a la izquierda una
escalera de piedra con columnas enroscadas entre ellas. Como es en la primera
planta decide subir por ellas, unas luces de color amarillento crean sensación de ocreidad, de sabor antiguo. Roto por
mamparas funcionales y carteles en la parte superior.
Busca su lugar y espera tras tres personas el turno para ser
atendido. Aquí los fluorescentes son los que dan el tono de luz, roto por las
enormes ventanas, tapadas por blancos visillos, que evitan el contacto, visual,
con la plaza que la precede.
En diez minutos alcanza su objetivo y en poco más de dos,
sale con los papeles requeridos una vez firmados y sellados por el funcionario
de turno.
Según baja por la escalera, se envuelve en un pasado
descrito en los libros de novela histórica, donde personajes pensaban de otra
manera.
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