La pregunta es cuando debemos de cambiar nuestros valores, a
que edad.
La respuesta es siempre que haga
falta, responde Juan. No es necesario que sea a los catorce o los dieciocho
años. Siempre que seamos conscientes de no obtener los resultados que queremos,
tenemos que tomar un nuevo camino y aunque, nuestros valores, nos hayan
acompañado durante muchos años. En este momento ya no valen, por ello han
caducado y no son útiles.
A la siguiente pregunta de ser
así nuestra manera de pensar. Juan corrige a que la manera de ser se puede y
debe cambiar, pues solamente nos puede conllevar a sufrimiento y este no es un
valle de lágrimas como se nos apunto, cuando éramos pequeños. Nuestra forma de
ser es la que nosotros hacemos, nos podremos haber equivocado muchas veces de
camino. Pero eso no significa no aprender. El aprendizaje es por toda la vida,
no solo en la etapa escolar. Es nuestro ejercicio de responsabilidad con la
vida. Es un bien muy hermoso incompatible con el no disfrutar dentro de ella.
Por ello la edad cronológica no significa nada. El tiempo es una fijación
humana. Dice Juan, ampliando la sonrisa que le acostumbra siempre.
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