Al descubrir las estrellas, en
una noche clara, vemos cantidad de señales que nos aportan una pequeña luz,
pero suficiente para no encontrarnos, aislados, en el manto de la noche.
También descubrimos la diversidad
de espacios, de ideas, tantas o más que personas. Con la importancia, solo, de
la cercanía o lejanía a la que se hallen, pero da igual su presencia es tan
importante como reflexiva, ahí están.
Suficientes para hacer comprender
o ignorar, si tu cabeza esta sobre alguna o algunas ideas, que ronden tu
cabeza.
Tu tienes la libertad de emplear
tus pensamientos en una u otra cosa. Es un caso parecido a la respiración,
siempre es inconsciente pero si la hacemos consciente, sentimos un dominio
sobre nuestro cuerpo y por ello sobre nuestros pensamientos.
El cielo estrellado se hace
luminoso para todas aquellas personas que quieren verlo, quien no puede seguir
su rutina, pero la oportunidad ahí está.
También se puede llevar a otros
planos como comer, beber, oír, sentir que son todas esas cosas que hacen
nuestra vida. No los objetivos, que pueden cumplirse o dejarse morir.
Mientras podamos abramos los
ojos, oigamos, sintamos, saboreemos. Solo entonces nos sentimos dichosos
¿felices? De nuestra propia vida.
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