Frente a la barra de un bar, unos
amigos debatían sobre las cosas. Hasta que Jesús dijo: Dios no es justo, a lo
que seguía un razonamiento para justificar su afirmación.
Curiosamente se quiere
personificar a un ente, que no es humano, con las características y los
defectos de las personas. Es como si el agua sea comparable con el fuego, así
rebate Juan sus argumentos. La religión tiende a personificar a un ser con las
características humanas, cosa difícil de hacer.
Jesús no escucha y sigue con su
argumentación que existen situaciones, de pobreza, de dolor en personas que
apenas pueden hacer frente esas situaciones.
Juan intenta rebatir explicando
que por mucho que se haya personificado la imagen de Dios, no existe la materia
y por ello no puede ser igual al resto de la humanidad, aunque tengamos la
necesidad de aproximación para entender mejor el concepto.
Jesús se vuelve a perder en la argumentación,
pero sabe que si Dios es bondadoso no puede permitir que existan situaciones
dolientes de otras personas, llámese niños, enfermos o débiles.
Juan sabe que meterse en las
creencias de los demás es complicado, por ser uno, de los pilares base, en nuestras mentes.
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