El sol va cambiando la
verticalidad que proyecta a esta ciudad, se está produciendo un cambio de
tiempo. Una nueva estación se aproxima, no solo a la naturaleza sino a las
mentes de sus habitantes, curiosamente es una vuelta hacía si mismos. Frente a
la visión hacía el exterior. La naturaleza comienza a notarse en los árboles,
donde van perdiendo hojas y otras se van tiñendo de marrón frente al verde que
han lucido. Las horas de luz se acortan con lo que lleva a ocuparse más de uno
mismo. Pero esa transición es la que produce un cierto desequilibrio. Somos
seres de costumbres y nos cuesta, abandonarlas, una vez adquiridas.
Al volver nuestra mirada hacía
nuestro interior, puede, en algunas personas, que no les guste lo que tienen.
Por ello aparece un sentimiento depresivo, compensado con una crítica a la vida
que esta llevando. Lo cual puede llevar al abismo donde sentir el vértigo de
las alturas y la desprotección de los seguros que te fijan a donde estás.
Ese desequilibrio se puede
producir por el cambio, periódico y estacional que se produce, año tras año,
aunque parece que sea diferente, nuestro bagaje si lo es. Aunque todo sigue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario