Saliendo del mar, crees volver a
un mundo seguro, por lo menos le conoces. El mar tiene, ese algo de inseguridad
que aumenta con la llegada de la noche, donde el manto oscuro limita tu visión.
Según pones pie en la arena, de acceso
a la salida vas notando un espacio de control sobre el medio y al enlazar
varios pasos ya sabes que estas sobre tierra, como si el agua fuera un elemento
extraño.
Cuando nadas tienes la sensación
de no tener todas las cartas de la baraja en tu mano, por la cabeza pueden
venir pensamientos de cualquier tipo, precisamente por pensar que falta alguna
o algunas cartas.
Al navegar sientes una seguridad
un poco mayor, pero también sientes que estas a merced del oleaje que puede
acabar contigo dentro de él. Contra mayor sea el barco mas seguridad te da,
pero con la siempre duda de estar en un medio que no es el tuyo. Imágenes de películas
te vienen a la cabeza donde has visualizado accidentes en un medio tan hostil
como las arenas de un desierto. Donde el cansancio te puede llevar a la muerte
en muy poco tiempo, cuando tu cabeza abandona y elige.
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