El baile se inicia con las
primeras notas de la orquesta. Un numero de personas permanecen ansiosas por
mover el cuerpo al ritmo que los instrumentos van marcando.
Es el momento de balancearse de
contorsionarse y buscar el movimiento común con los otros congregados.
Han elegido una música que
permita desinhibirse. Los más vergonzosos se dirigen a la barra del bar, para
conseguir el punto para dejar la timidez
y unirse a los movimientos de brazos y piernas del resto de congregados. La
norma hoy es bailar y bailar, dejando los problemas un poco aparcados y sacar
el movimiento que hace parecernos rígidos y no cambiantes.
Los músicos saben la consigna y
evitaran tocar canciones que accedan al corazón para permitir salir lo que cada
uno lleva dentro.
La terapia ha comenzado ochenta
personas se han puesto de acuerdo para llevarla a cabo. El local es lo
suficiente grande para permitir espacios que no limiten la expresividad de
nadie, ni siquiera las columnas que hay por medio lo conseguirán. El volumen no
es atronante pero si involutorio.
Es un experimento, donde la
persona que lo guía, ha puesto las normas y el objetivo. Es el momento de
actuar, divirtiéndose, saliendo.
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