La calle aparece vacía, es
temprano, no inicia su vida de trasiego diaria. Las farolas siguen emitiendo su
luz, pero nadie la recibe. Como por arte de magia comienzan a abrirse puertas y
salen personas, con ojos de querer, seguir entre sabanas.
Los pasos se dirigen hacía los
coches aparcados o en busca del transporte público.
No hay cambio de palabras entre transeúntes,
parece como si quisieran pasar desapercibidos o anónimos.
Los coches empiezan a circular y
hasta suena la pereza de alguno por arrancar. Los movimientos generan ruido y
por tanto la calle comienza a cobrar vida. Algunos tacones marcan el movimiento
de la portadora indicando su velocidad
hacía su destino. También llegan nuevas personas hacía los locales donde, los
diferentes negocios tienen lugar. Las primeras tiendas abren sus persianas
indicando la actividad del nuevo día. Alguna música suena a través de alguna
ventana abierta y hasta llega el aroma producido, por un tostador de pan. Mientras
los cubos de basura esperan la recogida del camión que no tarda nada en
engullirlos, como si tuviera un hambre voraz, provocado por la prisa que imprimen
los operarios encargados de la limpieza. Hasta parece, la brisa es nueva, en este día.